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"Cuando me tomó de la mano, no tenía palabras. No sé qué paso entre nosotros pero me enamoré del espíritu de esa niña de siete años de edad." |
Conocer a Hawa
por Pierre Christ, Ginebra,
Suiza
Voluntario a corto plazo, Anastasis
Aventura en África
Cuando vi la nave por primera vez tuve un sentimiento muy profundo en mi interior. Embarqué en el Anastasis en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), un domingo, al final del tour de relaciones públicas de la nave. Tres días después, la nave comenzó un viaje de 10 días de regreso a Liberia, África Occidental.
Mi trabajo abordo consistía en el mantenimiento de la envejecida nave que permitiese alojar los más de 300 voluntarios.
Mientras navegamos y atracamos en Liberia, dediqué horas ayudando a restaurar y pintar una sección de la cabina en la cubierta C, que aloja a unas 16 enfermeras en cada campaña.
Fueron tres semanas increíbles, llenas de emociones y nuevas y fabulosas amistades. Me sentía como en casa.
La ocasión para el encuentro
El día antes de marcharme, se llevó a cabo la primera selección médica de las personas a las que se iba a atender durante el tiempo que la nave iba a estar en Liberia. Al no ser parte del personal sanitario de la nave, me ofrecí como voluntario para ayudar. La noche antes de la selección médica, anunciaron que debido a manifestaciones electorales, no todos los voluntarios podrían colaborar en la selección.
Decepcionado, me preparé para pasar mi día de sábado abordo.
Esa tarde yo estaba casualmente cerca de la salida de la nave cuando anunciaron que había un Land Rover de camino a la zona de selección y había espacio para sólo una persona más. Así que fui.
Cuando me subí al Land Rover, vi algo que nunca olvidaré. En el asiento a mi lado vi una grotesca masa de carne donde debería haber una boca, y detrás de esta masa, los ojos de una niña preciosa.
No sentí shock, ni repulsión - sólo compasión. Cuando me tomó de la mano, no tenía palabras. No sé qué pasó entre nosotros, pero me enamoré del espíritu de esa niña de siete años de edad. La acompañé al hospital donde se llevaba a cabo la selección para ver a los cirujanos. Llevó varias horas de exámenes médicos determinar que el tumor no era maligno y que efectivamente se podía operar.
Hawa y su padre fueron admitidos en el hospital de la nave el día que yo me marché. Les fui a visitar a la planta, y otra vez tomé de la mano a esta niña que no podía hablar, mientras mantenía una larga conversación con su padre.
El Milagro de Hawa
Al regresar, desde casa esperaba ansiosamente los correos electrónicos de mis amigos a bordo de la nave poniéndome al día sobre el estado de salud de Hawa.
Me explicaron que cuando se observó por primera vez en el espejo, empezó a pronunciar débilmente las palabras "Hawa es guapa, Hawa es guapa".
Ahora Hawa puede hablar. Pronto podrá ir al colegio. Es increíble que yo me encontrara ese sábado allí a la salida de la nave, justo en el momento correcto. Es increíble que fuera yo el que me sentara a su lado, y la tomara de la mano.
Yo solicité ser voluntario con Naves de Esperanza porque quería ayudar a cambiar vidas. Sin duda la vida Hawa cambió para siempre. Y la mía también.
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